Cuarenta horas a la deriva, frío extremo y la incertidumbre de vivir, el testimonio sanjuanino de un sobreviviente del hundimiento del Belgrano

Cuarenta horas a la deriva, frío extremo y la incertidumbre de vivir, el testimonio sanjuanino de un sobreviviente del hundimiento del Belgrano

Era 2 de mayo, pero de 1982. Argentina se encontraba en plena Guerra de Malvinas y mientras en las islas padecían el frío, el hambre y la falta de instrucción para estar en campo de batalla, un ataque sorpresa se dio en medio de las aguas frías del sur. El Crucero General Belgrano, con 1.093 tripulantes fue atacado por un submarino británico en horas de la siesta. El sanjuanino Juan Nievas se encontraba tomando su turno cuando fue sorprendido por el primer torpedo y pese al paso de los años, aún recuerda como fue cada minuto, lo que pasaba por su cabeza y la fortaleza que tuvo que sacar tanto él como los sobrevivientes para hacerle frente a la situación.

Juan Nievas cumplía tarea en el puesto de mando de telefonista. Tenía 21 años y sus tareas se enfocaron en el buque. Cinco minutos antes de las 16 de aquel 2 de mayo, subió al puesto para tomar la guardia. Cruzó saludos con Omar Florice, quien se disponía a descansar tras cumplir con su guardia y quedaron en verse durante la cena. Una cena que nunca llegó.

Embed – Aniversario hundimiento crucero General Belgrano

“A las 16:01 hace impacto un primer torpedo lanzado por un submarino. Hace impacto en la popa del crucero, cerca de la sala de máquinas contigua a una sala que almacenaba municiones”, recuerda Juan.

Con el primer impacto, el gran crucero de 186 metros comenzó a ladearse. El segundo impacto sucedió segundos después en el recuerdo del sanjuanino. Destruye casi 15 metros de la proa haciendo que el hundimiento sea inevitable. “En mi caso particular, estuve casi 35 minutos esperando órdenes y tratando de rescatar información del resto del buque. Sabíamos que era inminente abandonar el buque. Cuando me dieron la orden, bajé con otra persona a la primera cubierta y nos encontramos con dos o tres marinos que venían rescatando a otro que se había quemado debido a las explosiones. Lo sacamos y lo dejamos a cargo de una enfermera que estaba rescatado otras personas”, destaca el sanjuanino.

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Fuera del gran crucero las condiciones climáticas no eran las mejores. Juan detalla que las olas alcanzaban hasta 15 metros de altura, la fuerza del viento era casi huracanada, sin olvidar el frío que calaba los huesos al punto tal de no sentir las extremidades. La sensación térmica rondaba los 20 grados bajo cero, y debido al sorpresivo ataque, quienes sobrevivieron no tuvieron tiempo de abrigarse, ni siquiera de calzarse en algunos casos.

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Réplica de las balsas que salvaron la vida de los sobrevivientes

Réplica de las balsas que salvaron la vida de los sobrevivientes

Alrededor de 40 a 50 minutos demoró el ARA Belgrano en hundirse. Quienes lograron abandonar la embarcación lo hicieron en balsas que tenían capacidad para 20 personas. En la balsa de Juan iban 6 personas más, de alrededor de 20 a 21 años, salvo un muchacho tucumano de 17 años que se había presentado como voluntario cuando inició la guerra. Juan señala que él se encontraba solo de chaqueta, borcegos y pantalón haciéndole frente al frío y al agua que se sentía como hielo.

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La escena sobre la balsa aún vive en la memoria de Juan como si hubiera sido ayer mismo. Los cuerpos de parte de la tribulación desaparecían en el océano como también lo hacia la gran embarcación que había sido refugio y hogar durante un tiempo. Las sensaciones se mezclaban. Por un lado, reinaba el temor de volver a ser atacados, esta vez sin ningún tipo de defensa. También respiraban la incertidumbre sobre qué sería de ellos, ya que se encontraban a la deriva ante un mar bravo que los golpeaba. En el medio, la fuerza por sobrevivir al frío, al hambre, al miedo.

“Éramos consciente que estábamos a la deriva. No sabíamos a dónde íbamos por el temporal, y en una situación de esas, no sabíamos si nos iban a volver a atacar”, detalla.

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Juan Nievas, sobreviviente del hundimiento del Crucero ARA General Belgrano

Juan Nievas, sobreviviente del hundimiento del Crucero ARA General Belgrano

Según los registros, seis horas pasaron desde el ataque hasta que salieron a buscar a los sobrevivientes. El mal tiempo, la poca visibilidad, las bajas temperaturas y un fuerte temporal hacían que la búsqueda área, la primera que se dio, fuera súper compleja. El viento y el oleaje hicieron que las balsas no solo se separaran entre ellas, sino que se alejaran alrededor de 80 kilómetros al sureste del donde fue el ataque y posterior hundimiento.

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Los tripulantes a bordo del “Gurruchaga”, del “Bouchard”, del “Piedrabuena” y del “Bahía Paraíso”, que fueron quienes rescataron a los náufragos. El “Gurruchaga” rescató 3 balsas con 40 sobrevivientes; el “Bouchard” dos con 41 sobrevivientes; y el “Piedrabuena” rescató 5 balsas (una vacía), con 42 sobrevivientes. Al mediodía del 4 de mayo, el ARA “Bahía Paraíso” recogía a los últimos 18 tripulantes vivos del crucero. Estaban a unos 100 km del punto del hundimiento y habían transcurrido 43 horas. En total, se rescataron 793 tripulantes, el resto falleció en el hundimiento o fueron víctimas del mar.

La importancia de no olvidar, el pedido del sobreviviente del Belgrano

“Más allá que es algo que nosotros nunca vamos a olvidar, es importante que esto se conozca a través del tiempo porque forma parte de la historia de Argentina”, reflexiona Juan Nievas.

Y continúa: “Formamos parte de una guerra que vivimos, una guerra donde se esperaba recatar un territorio que es argentino, pero no se podía recuperar por la vía diplomática. Es importante esto porque, a nuestro entender, no se debe perder, porque es la historia de muchos sanjuaninos, muchos argentinos que, sin importar la cuestión social, participaron en una guerra convencidos de lo que se hacía era rescatar patrimonio argentino”.

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