Tiene Síndrome de Down y recibió su título en la Universidad Católica: la inspiradora historia de “Santi”

Tiene Síndrome de Down y recibió su título en la Universidad Católica: la inspiradora historia de “Santi”

Dulce, sensible, caballero y, como si fuera poco, ahora profesional: Santiago Gabriel Molina tiene 22 años, es “la luz de los ojos” de Lidia, mamá soltera, y hace poco fue protagonista de un logro que demuestra que no hay barreras; que la inclusión existe y que, cuando se quiere, se puede.

Es que, “Santiaguito”, como lo llaman cariñosamente, llevó a cabo con determinación una diplomatura de Asistente Administrativo en la Universidad Católica de Cuyo (UCC) y el año pasado, feliz y orgulloso, recibió su anhelado diploma.

“Realmente me sorprendió cómo se desempeñó y las excelentes notas que obtuvo”, repasa su mamá, en diálogo con Tiempo de San Juan, y cuenta que su hijo estudió mientras continuaba en la Escuela Aleluya (en la parte de adultos) con todas sus actividades. Pasado el mediodía, religiosamente, partía rumbo a la universidad hasta casi las 19.

Santiago concurrió siempre a escuelas especiales y recibió todo tipo de acompañamiento y terapias. En 2022 Lidia se enteró de la posibilidad de que su hijo realizara un estudio superior en la UCC y de inmediato comenzó a indagar.

“Lo inscribí y acompañé en todo momento, aunque él siempre me marcaba la cancha, me decía que lo dejara, que él podía. Y así fue. El proceso fue muy hermoso y placentero. En todo momento estuvo muy contenido dentro de la universidad”, agrega, para aclarar: “Claro que él es un joven muy especial, tranquilo, paciente y educado. Lo que se dice un verdadero caballerito inglés”.

A Lidia la sorprendió la habilidad de su hijo con la tecnología y en especial la gran capacidad para integrar equipos y formar amistades. En los “huecos”, según relata, solía concurrir al buffet junto a sus compañeros hasta el llamado telefónico a su teléfono móvil para subir al aula académica.

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Santi, en el centro.

Santi, en el centro.

“Su espíritu solidario también quedó demostrado a fuego. Siempre estuvo dispuesto a ayudar a los demás”, dice Lidia.

Finalmente, el tan esperado “premio” llegó el 28 de junio de 2023, cuando “Santi”, con una sonrisa ancha, fue artífice de su propio destino y en el aula magna de la Universidad Católica recibió el título.

“Fue una alegría enorme para él porque se dio cuenta de todo lo que puede hacer. Y ni hablar para toda la familia. Me siento orgullosa, no está bien que lo diga, pero es una persona con todas las condiciones”, reflexiona.

Un proceso difícil

La vida no le resultó fácil a Lidia Molina, que tiene 63 años, está jubilada y dedica sus días a su pequeño “gigante”. Fue mamá soltera a los 34 años luego de atravesar un duro proceso de quimioterapia por un cáncer. Finalmente, el bebé nació el 5 de agosto de 2001.

“Fue recibido con muchísimo amor y, definitivamente, fue lo mejor que me pasó en la vida”, resume emocionada. Claro que el proceso que llegó más tarde no resultó sencillo. Para incluirlo en establecimientos educativos debió “cansarse” de golpear puertas y nunca pudo asistir a una escuela normal, a excepción del jardín de infantes en “Plastilandia”, con un gran plantel docente y donde ni siquiera necesitó adaptación.

“Todo me costó muchísimo, la inclusión no siempre es fácil y debimos seguir con las estimulaciones de todo tipo en forma privada. No pude incluirlo en escuelas comunes, siempre me encontré con trabas y más trabas y a veces creo que hubiese sido muy alentador para él por su gran inteligencia. Todo lo que sabe es innato y es muy observador”, lo define.

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Santi junto a su madre.

Santi junto a su madre.

Más tarde, Santiago concurrió a la Asociación CAREM y luego a la Escuela de Educación Especial (EEE) Doctora Carolina Tobar García. En ambas demostró grandes habilidades en distintas disciplinas como cocina, educación física, sublimación, arte y tareas de vivero. Hoy, realiza un curso de cocina y está muy entusiasmado. Prueba de sus aptitudes es que siempre fue elegido abanderado.

Lidia va “de a poco” y, ya con el título superior en mano, ambos tienen expectativas en que muy pronto podrá desempeñarse en alguna actividad ligada a su carrera.

“De hecho un profesor nos envió información sobre empresas qué están interesadas, aunque aún no hemos finalizado la elaboración del Currículum Vítae, algo muy importante y que tiene que estar perfecto. Para eso necesitamos un poco de ayuda”, sostiene.

Y reitera su amor y su orgullo por su hijo: “Fue difícil, no lo voy a negar, pero con la llegada de Santiago aprendí a ser una persona fuerte. Los chicos con Síndrome de Down son bellos por donde uno los mire y mi hijo es hermoso, alguien de quien aprendo todos los días de mi vida”, reflexiona emocionada mientras enumera algunos rasgos de caballerosidad que conserva a rajatabla.

“Además de ser muy tranquilo y paciente, es sumamente educado y caballero. Corre la silla a una mujer para sentarse y abre la puerta del auto”, ejemplifica.

Lidia asegura que esas características son el resultado de haberlo criado con mucho amor. “Por eso pienso que es tan bueno y sensible. La familia entera lo adora y él lo siente”, reitera.

“Doy gracias a Dios por haberme mandado este hijo a mi vida. Soy inmensamente feliz con él y no me hace falta nada más. Solo me resta decir ‘Gracias’. Un ‘Gracias’ tan grande como el corazón de Santiago”, concluye.

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